Dilbert puede ayudarte con el síndrome del impostor

El síndrome del impostor, esa sensación de que no eres válido para tu trabajo, es algo muy común en el mundo de la programación. Más aún para los de mi generación, que empezamos a trabajar con el boom de internet, sobre todo cuando veníamos de estudiar cosas que tenían poco o nada que ver con la informática (Ciencias Empresariales en mi caso).

Yo que llevo ya unos añitos, lo sufro en demasiadas ocasiones. Y os preguntaréis “si llevas tanto tiempo, ¿por qué sufres aún el síndrome?”. Pues eso digo yo, pero ahí está, acechando; si se complica una tarea o te atascas en algo… hace “chas” y aparece a tu lado.

No sé si os he recomendado ya en el blog a Dilbert, las tiras cómicas sobre un ingeniero en un mundo laboral de ficción demasiado parecido a la realidad. Y es que muchas de las situaciones que se retratan en esas tiras, las he vivido casi al pie de la letra (“literal”, como dirían ahora).

Los jefes también lo sufren (a su manera).

Dilbert nos enseña que cómo es posible que nos planteemos nuestra incapacidad para el trabajo cuando estamos rodeados de incapaces, sobre todo si miramos hacia arriba. Y es que su principio nos dice:

“Las compañías tienden a ascender sistemáticamente a sus empleados menos competentes a cargos directivos para limitar así la cantidad de daño que son capaces de provocar”.

¿Sátira? Bueno, echa un vistazo a tu entorno y me dices.

Y es que últimamente, entre noticias y casos reales, me ha dado por pensar en este tipo de cosas.

¿Qué os parece esto?:

Aparte de provocarme nostalgia y vergüenza ajena a partes iguales, me ha recordado las “habilidades tecnológicas” de algunos de los PM que me he encontrado por ahí (y no hace mucho). Pues ahí los tienes, gestionando equipos técnicos mientras te hablan de FrontPage… esos son los verdaderos impostores, LITERAL.

He ahí el problema.

Dilbert podría ser de cualquier gran empresa tecnológica, porque no creas que estas se salvan de vivir historias de gestión mediocre. Una en la que, por ejemplo, metan en un equipo de desarrollo de manera urgente a dos personas que no saben nada de la tecnología en la cual hay que realizar el proyecto, cuya fecha de entrega es muy cercana. Ya suena mal, ¿no? Te lo mejoro: los gestores no aclaran al cliente esta situación, más aún, la disponibilidad de esos dos efectivos no es del 100%, pero tampoco se va a contar. “¿Y si no había otra manera de hacerlo?”, puedes preguntar, convirtiéndote en uno de los personajes de las tiras de Dilbert, buscando la disculpa definitiva. Espera, que te remato el ejemplo: resulta que “la parte contratante” también tiene lo suyo, y el proyecto surge por la necesidad de tener la aplicación disponible ya que la tecnología anterior con la que estaba desarrollada dejará de funcionar… y esto se sabía hace muuuucho tiempo.

Así que, dime.. ¿crees que debes plantearte cada día si mereces tu trabajo? En la vida siempre habrá alguien mejor que tú, pero también alguien peor. Al final, si llevas años en esto, por algo será: llámalo suerte, experiencia, adaptación, resiliencia… Lo que quieras. Pero la nómina te llega todos los meses.

Pensabas que Superman era grande hasta que se puso Reacher al lado.

En definitiva, no vas a poder evitar que el síndrome del impostor te visite, pero recuerda a tu amigo Dilbert, echa un vistazo a tu entorno de trabajo y piensa si es justo que seas tú el que se plantee cosas…

¡Nos vemos pronto!

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